Por: Israel Sánchez Zamora
El sábado pasado escuche y vi grandes trabajos acerca de la muerte, sin embargo escuche decir lo que otros dijeron, no lo que piensan aquí (Que si Zoroastro, Platón, Mayas, Superman o tomándosela prestada la tía chofi de Sabines, a la cual he llegado a apreciar como la mía propia).
Por ello el motivo de este trabajo, para expresar lo que pienso y siento respecto de la muerte ¡No se vaya a pensar que sólo hablo de puras ... “tarugadas”! (bueno la verdad es que si, pero hay que disimularlo de vez en cuando, parecer intelectual, culto, leído y escribído).
Para mi, ¿qué es la muerte?, ¿es la enemiga? No; ¿es la amiga? Posiblemente, ese amiga cabrona; ¿es la ladrona? Si, definitivamente. Es la gran ladrona, esa que te llega a quitar todo lo que te ha importado.
Pero bueno hay que ser justos, se los lleva cuando ya no hay nada que hacer, cuando de las opciones esa es la mejor. Y en agradecimiento posiblemente los que se van cuando es así le digan “Libre, al fin libre, gracias señor (o más bien, gracias muerte) al fin soy libre”, o a veces simplemente se los lleva.
Y sin embargo tu te quedas con mucho, te quedas con lo vivido y ese vínculo nunca se rompe y a ella no le interesa hacerlo (por que como bien se dice “palo dado ni Dios lo quita”).
A veces se le denigra comparándola con su contraparte (la vida). Se dice que frente a ella es un mal, es un terror, una injusticia. Cuando la vida muchas veces es la verdaderamente cruel e injusta. ¡Por que hay que decirlo!, la vida a veces es una verdadera ¡perra! (o más que la vida ... los inhumanos que en ella viven).
La verdadera muerte en mis palabras es el no hacer, el no decir, el no ir tras de ..., el no subirte a ..., el no reírte de ..., el no llorar por ..., el no encontrarte a ti mismo, el vivir en la nada, el no soñar, el no besar, el no amar, el no odiar, ... el no revolucionar.
¡Eso!, la muerte a lo mejor es la verdadera revolución, la que en realidad nos hará justicia a todos. Por que a ella no le importa si eres hijo de ... , o amigo de ... , o hermano de ... ; a ella sólo le interesa que seas tu, ella si es incluyente. Si en las boletas electorales ella apareciera como candidata ¡definitivamente yo votaría por ella!.
Tal vez por eso su repunte de popularidad como santa, ella no te pide que te portes bien, seas rico, inteligente; no, ... no te pide nada a cambio.
Nos conocemos desde hace tiempo, prácticamente desde que estoy en este planeta. Se bien lo que eres, lo que haces y no te recrimino, al contrario. Te has llevado algo y yo me he quedado con algo. Sin ti mi vida no podría entenderse. Me has roto el corazón ¡desgraciada! ¡como buena mujer!, somos como uno.
Y como viejos conocidos nos volveremos a ver ¡seguro! ¡sin rencores!. Tenemos pendiente nuestra cita.
Sabes que no soy de los que se quieren aferrar a este mundo, ni a su gente. De cierta manera sabes que no me interesan (bueno sólo unas cuantas), a las demás no me importaría dejar de verlas y escucharlas. Sabes que sólo confío en dos personas, “una soy yo y la otra es una enana”. Y a ella me la encargo alguien que confía en mi, y si no cumplo mi palabra … ¡triste mi muerte!, me estaría esperando para reclamarme, lo sabes bien y no queremos eso ¡verdad!.
No te temo, ni te desprecio, es más ya ni siquiera me importas ¡lo sabes bien!. Pero en un sano ejercicio de honestidad, sabes que no espero verte pronto vieja amiga.
Nos veremos cuando nos tengamos que ver, y espero verte personalmente y no por interpósita persona.
Y en agradecimiento a ello te diré “tomate esta botella conmigo, y en el último trago ... ¡nos vamos! ... ”.
“Libre, al fin libre, gracias muerte al fin soy libre”.